jueves, 21 de mayo de 2026

INTRODUCCIÓN. BAILÉN EL PASADO

 


 

            Un grupo de amigos, de Bailén la mayoría, aunque el que esto escribe no lo sea, decidimos escribir sobre los edificios, espacios y lugares, entre otras cosas, que se han perdido en la ciudad de Bailén. Llevo viviendo en esta ciudad más de la mitad de mi vida y la siento como si fuera mía. Casado con una bailenense de toda la vida, yo sigo siendo “un aporijao”; el forastero; y soy muy conocido, creo yo. Pero así son las costumbres y la forma de ser de este ciudad, llamado el de “los apañaos” (no me preguntéis por qué), respetad mi silencio acerca del porqué.

         Durante las conversaciones tenidos en los últimos años, hemos llegado a una conclusión. En esta ciudad se han perdido muchas cosas antiguas; por desidia, ambición, aparentar, robo, corrupción, etc. De todo un poco. Suena duro, pero es la realidad y todos en el pueblo lo dicen, pero casi todos callan.

Quizá sea la hora de poner negro sobre blanco todo aquello que ha desparecido a lo largo del último siglo; y anterior, por no remontarnos tan atrás en el tiempo. Muchas de las cosas que aquí se escribirán, aparecen en los libros de Matías de Haro. De estos libros, de fotos antiguas, de recuerdos de mis amigos de Bailén, etc, tratarán la mayoría de las cosas o relatos que aquí se escribirán.

Durante años, en esta ciudad se ha dispuesto por momentos de dinero y, por momentos, sin dinero. Todo dependía de la construcción y, por supuesto, de la fabricación de ladrillos. Un “monocultivo” de este pueblo que ha destruido olivos, hectáreas de viñas, de girasoles y que su espacio fue ocupado por nuevas fábricas de ladrillos, hornos, etc, que le daban dinero a la ciudad; pero como se suele decir, “pan para hoy y hambre para mañana”.

Cuando se ha tenido dinero, se ha construido sin ton ni son y sin ocuparse de dejar la “casa vieja y antigua”, rehabilitarla. De acuerdo en que Bailén era un pueblo pobre; y, en cuanto se tenía dinero se tiraba todo abajo y se construía una nueva, con sus lavabos dentro de la casa. Pero…

Pero... ¿por qué no se han guardado los dinteles, los escudos de armas, las columnas laterales de las puertas de entrada, las rejas ornamentales? Como si hubiera pasado un tornado o el “caballo de Atila”.

 Después, pasados los años, nos hemos dado cuenta del error cometido. Sobre todo, viendo como los pueblos colindantes, desencalaban sus casas y, bajo ellas, aparecía la piedra antigua que les ha dado un valor turístico que ahora les sirve como economía.

Aquí, se ha llegado a tirar hasta la puerta de entrada de una iglesia visigoda, del siglo VII, porque “estortaba”. Con el consentimiento de las autoridades de la época. Se ha trasladado, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, como se suele decir, la portada del Castillo o Casa Solariega de los Ponce de León; situada, entonces, en el lugar que hoy ocupa la entada al patio de un CEIP a un callejón donde apenas hay visibilidad para poder admirarla en toda su belleza.

O, ¿dónde se encontraba la piedra que ahora está en la Plaza de la Constitución y que da fe de la primera llegada de aguas a Bailén, en 1833? Pues como mesa de una casa de campo en la villa de Zocueca la encontramos y trasladada al lugar que ahora ocupa, gracias a la lucha del Instituto de Estudios Bailenenses (IEB) y, en especial a su presidente; que consiguió de la dueña la donación al ayuntamiento. Eso sí, al IEB ni un reconocimiento por la labor realizada.

Y la destrucción de la Fábrica de Harinas; y la desaparición de la fuente que había en el centro de la Plaza de la Virgen de Zocueca. Y, ¿qué me dicen de la Plaza de la Constitución o de la destrucción (parte ornamental que la rodeaba) de la Fuente de la Plaza del General Castaños o paseo, con ese mamotreto de mármol situado a su alrededor?

Para qué seguir. Todos los habitantes de Bailén, lo saben, lo conocen y durante años parece que no les ha interesado; hasta que han visto como ha quedado “su pueblo”.

De éstas y de otras muchas cosas tratará este libro que, algunos amigos, hemos decidido poner negro sobre blanco; para conocimiento de las futuras generaciones.

Cándido Lorite 

 

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