Érase una vez un pueblo que tenía una plaza, de pueblo.
Querida y recordada por todos los habitantes durante décadas, por no decir
siglos.
Parece el inicio de un cuento y lo es. De un cuento con el
que un día se despertó Bailén y se encontró con que su plaza había desaparecido
y en su lugar apareció un mamotreto de granito, sin más adorno que cuatro
chorros de agua verticales, en los extremos, de no más de medio metro de
altura. Y debajo, un aparcamiento que, con el tiempo se cerró por falta de uso
y concurso público de la empresa que lo hizo y que, más tarde, compró el
ayuntamiento por una ingente cantidad de dinero, producto del impuesto sobre
los bailenenses.
Trataremos de contar cómo empieza el cuento y como termina. Empieza pues como todos los cuentos: “Érase una vez…”, inicio de este artículo. El pueblo en cuestión estaba en tiempos dorados, se ganaba dinero y los bancos y comercios proliferaban en la plaza y cercanías. Sucedió que una empresa Hogarsur presentó al ayuntamiento de la ciudad el proyecto de un aparcamiento subterráneo en la plaza que no le costaría ni un euro al gobierno local y que disfrutaría durante los siguientes 50 años. ¿Qué sucedió? Pasó que los vecinos de la plaza se opusieron frontalmente ante el posible peligro que suponía excavar en la misma, en vertical, entre 25 y 30 metros. Se hicieron dos plantas. La primera para cualquier habitante y la segunda para aquellos vecinos de la plaza o del pueblo que quisieran comprar por un tiempo determinado una plaza de aparcamiento, que no garaje.
Y ya, al fin, vimos como era la nueva Plaza de La Constitución. El asombro del pueblo fue general. A nadie gustó; a muchos disgustó y a bastantes les pareció que aquella plaza no sintonizaba con el entorno. Eso sí, todos estaban de acuerdo que aquella plaza no tenía ni un hilo de sombra y ya sabemos el calor que hace en Bailén, a partir del mes de mayo y hasta finales de octubre; más o menos.
No era la primera ni será la última vez que, la plaza ha sido remodelada. Los más viejos recordarán que, allá por el inicio de los años 60 del siglo pasado se quitó la fuente que había enfrente del bar Mi Casa, para ampliarla; se quitó la farola que adornaba el centro (que no se sabe donde fue a parar)
Pues esa plaza, descrita muy someramente, pero de la que dejo un par de fotos, desapareció.
Si, han leído bien, conos de hierro. En vez de poner unas pérgolas de madera con una base de planta o enredadera que, en un par de años, habría dado sombra a todo el alrededor de la plaza. Pero claro, eso son ideas peregrinas del que esto escribe y, de otros muchos que lo habrán pensado.
Decidimos averiguar cómo había sucedido el “érase una vez
una plaza de pueblo” que se convirtió en “vaya una mierda de plaza”. Pedimos
cita en el ayuntamiento en Urbanismo y allí, se nos dijo que no había ningún
expediente de Acondicionamiento de la Plaza de la Constitución. Cosa que nos
extrañó. A continuación, nos dirigimos a la Secretaría y, allí, dos señores
amabilísimos, me encontraron las Bases del Concurso Público de Ideas para la
Plaza de la Constitución, del que hablaré más tarde. Y de ahí, otro día, estuve
en el Archivo Municipal, donde la archivera, muy amablemente me enseñó los
paneles de los 10 autores que se inscribieron en el concurso. Les hice una
fotografía.
Pero
aún no sabía quién había sido el ganador del dichoso concurso. Aunque mirando
los paneles me lo supuse rápidamente. Conseguí, en secretaría, el ACTA DE LA
REUNIÓN DEL JURADO DEL CONCURSO DE IDEAS DE ADEACUACIÓN FUNCIONAL DE LA PLAZA
DE LA CONSTITUCIÓN; escrito tal y como me lo dieron.
Pero
la explicación de lo sucedido va en otro artículo, que titularé:
“El
misterio que rodea a la Plaza de la Constitución”
Cándido Lorite
No hay comentarios:
Publicar un comentario