sábado, 13 de junio de 2026

COOPERATIVA SANTA GERTRUDIS. “LA PISA”. 2ª PARTE

 


 

         Esta segunda parte está destinada a intentar explicar el por qué se vendió la Cooperativa. No soy cooperativista, pues nunca he tenido tierras; solo mi trabajo de maestro. Pero sí que me ha llamado la atención el cómo de la noche a la mañana, desapareció por arte de “birlibirloque” el edificio y todo lo que había en su interior. Todos los habitantes de Bailén, aunque conocían las vicisitudes de la Cooperativa, nunca pensaron ver el solar, en el lugar donde se levantaba la otrora vigorosa y potente Cooperativa. Quedamos mudos de asombro. Y comienzo con un poco de historia y muchas preguntas.

Un poco de historia no viene mal. La Cooperativa Santa Gertrudis se funda en el año 1964, al calor de la constitución de la Sociedad cooperativa de la Vid, por un importante grupo de agricultores y viticultores de la zona.

         Hasta ese momento toda la producción de los viñedos se dedicaba a uva de mesa, muy reconocida en todos los ámbitos provinciales, por su gran calidad. Aparte, algunos dueños de viñedos se dedicaban a la producción de vinos, pero a título personal y para su ámbito familiar. En el año 2004 se hacen los primeros caldos bajo la Indicación Geográfica: Vinos de la tierra de Bailén, que se comercializan bajo la Sociedad Santa Gertrudis.

En noviembre de 2008 una representación de Apoloybaco visitó las instalaciones. Para entonces unos ochenta socios conforman la Cooperativa Santa Gertrudis, en su mayoría pequeños agricultores dedicados al cultivo de su viña. Los socios aportan la totalidad de su cosecha, perteneciente a la subvariedad autóctona “Molinera de Bailén”, que se encuentra solo en el término municipal de Bailén y limítrofes; un tipo de uva rara que no está clasificada y que, analizada por expertos enólogos jerezanos descubrieron que no existe en ninguna parte del mundo. Son cepas muy resistentes, uvas de gran tamaño y una piel muy delgada.

Solr de la cooperativa

A principios de los años 90 del siglo XX, se hace, por parte de la Junta y de todos accionistas y cooperativistas el inicio de la una gran conversión, a partir de 9 millones de pesetas. Hasta este momento sólo se fabricaban vinos a granel o embotellados bajo las marcas “Batalla” o “Rumblar”, que se hacían en las más de 40 tinajas de hormigón, cambiándose a tinajas de acero inoxidable. También había, dos metros bajo el suelo, una gran sala de barricas de roble canadiense, renovándose las mismas cada cuatro o cinco años.

Todo esto finalizó en una planta embotelladora y una zona de almacenaje. Aquí se ha embotellado “Marqués de Portugalete” envejece directamente en botella durante un año y medio. Color rojo hacia ocre. A la nariz resalta una rica y abundante variedad de aromas formado por las tres variedades empleadas para la elaboración del vino (Cencibel, Cabernet-Sauvignon y Molinera de Bailén). Batalla de Bailén. Un vino tinto que conmemora el bicentenario de la famosa Batalla de Bailén y que tiene un envejecimiento directo en botella de 12 meses. María Bellido. Vino blanco semi dulce elaborado con uvas de la variedad autóctona. Vino tinto, blanco y rosado, Atardecer de Bailén, hechos con la uva autóctona, molinera.

En 2018 se recogieron 72.000 kilos de uva, una cifra superior a los 63.000 kilos de 2016, pero muy lejos de los datos de 2014, cuando se recogieron 282.000 kilos de uva. En 2013 fueron 211.000 y en 2012 rondaron los 166.000, mientras que se contabilizaron 178.000 en 2011.

Y con esta historia y con estos datos, los bailenenses nos preguntamos, sobre todo los que no somos cooperativistas y no conocemos, ni conocimos, los “entresijos” de la cooperativa, ¿Por qué cerró la cooperativa? ¿Por qué se vendió? ¿A quién se vendió? ¿Qué fue del vino acumulado en sus bodegas? ¿Qué fue de los silos de acero inoxidable? ¿Qué fue de las 40 vasijas de hormigón? ¿Qué fue de todo el material que había en la instalación?

Cooperativa de Santa Gertrudis

¿Qué fue de los barriles de roble canadiense? ¿Qué fue de toda la cooperativa?

Muchos nos dirán que qué nos importa a nosotros, a los balinenenses o a mí mismo, lo que haya pasado con la SCA Santa Gertrudis, puesto que no somos cooperativistas. Y llevarán razón. Pero también les digo a estos que así piensan, que quizá es momento de averiguar por qué se han perdido tantas cosas en Bailén y, nunca, nadie o casi nadie ha dicho nada sobre el asunto. Nos quejamos cuando ya ha desaparecido y nos callamos. “Apañaos” que somos.

Pues yo, he intentado por todos los medios averiguar algo de lo sucedido. Y, enterado de la donación de libros y otras cosas, hecho al ayuntamiento, decidimos ver y leer esos libros. Pedí cita en el Archivo Municipal donde me dijeron que se encontraban esos libros donados. No había nada. Cuatro tonterías, a saber:

1. Libro diario de los años 67 al 76;

2. Facturas sueltas de los años 67 al 76;

3. Extractos cuentas corrientes del 82 al 86;

 4. Libro balance del año 1967;

5. Libro mayor del 67 al 69;

6. Libro Actas Junta Rectora del año 2013.

En definitiva, cuatro pamplinas sin interés, porque no hay nada de los años 2013 hasta la venta en 2022. Nada. Imposible saber que sucedió. Los libros realmente importantes, ¿dónde están? ¿en el Registro Mercantil? Lo digo porque averiguarlo es bastante difícil. Y costoso.

Existe, en torno a la SCA Santa Gertrudis un silencio sepulcral. Una “omertá”, que ya la quisieran para sí los de la mafia. En todos sitios donde se ha pedido la respuesta a las preguntas antes indicadas, el silencio y el “yo no sé qué ha pasado”, es la respuesta generalizada.

Cándido Lorite

 

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